domingo, 25 de enero de 2015

Tango en Mendoza




01. Andrés Areco, Jorge De Luca, Orquesta de Francisco Colombo-Y Te Parece Todavía-2000
02. Andrés Areco & Orquesta de Francisco Colombo-El Abrojito-2000
03. Andrés Areco & Orquesta de Francisco Colombo-Sábado Inglés-2000
04. Carlos Palorma & Orquesta de Francisco Colombo-Trenzas-1997
05. Diego Valentín Flóres & Orquesta Tango Y Punto-Cristal-0000
06. Diego Valentín Flóres & Orquesta Tango Y Punto-Garúa-0000
07. Diego Valentín Flóres & Orquesta Tango Y Punto-Nieblas Del Riachuelo-0000
08. Jorge De Luca & Orquesta de Francisco Colombo-Al Compás Del Corazón-2000
09. Marcela Carrizo & Orquesta de Francisco Colombo-El Día Que Me Quieras-1997
10. Miguel Angel Herrera & Orquesta de Francisco Colombo-Naranjo En Flor-1998
11. Miguel Angel Herrera & Orquesta de Francisco Colombo-Pedacito De Cielo-1998
12. Orquesta de Francisco Colombo-Desde El Alma-1997
13. Orquesta de Francisco Colombo-La Cumparsita-1997
14. Orquesta de Francisco Colombo-Responso-1997
15. Orquesta Tango Y Punto-La Puñalada-0000
16. Pablo Marín & Orquesta de Hermanos Appiolaza-Rubias De New York-1986
17. Rubén Lagos & Ricardo Fontana & Orquesta de Hermanos Appiolaza-Cien Guitarras-1986
18. Silvia Del Olmo & Orquesta de Hermanos Appiolaza-Los Mareados-1986
19. Zaharay & Miguel Angel Herrera & Orquesta de Francisco Colombo-Caminito-1997
20. Zaharay & Orquesta de Francisco Colombo-Nada-1997

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De la colección de Juan Francisco Orrego (Cali, Colombia) publicado por el amigo Jorge en "El Tango y sus Invitados", aportado por Alberto Orozco

Varios Artistas - TANGO EN ARMONICA


Varios Artistas
TANGO EN ARMONICA

01. Carlitos Díaz - ENSUEÑO
02. Fabricio Rodríguez - EL CHOCLO
03. Fabricio Rodríguez - TAQUITO MILITAR
04. Franco Luciani y La Tropa - SUR
05. Joe Powers - CAMPO AFUERA
06. Joe Powers - EL MARNE
07. Joe Powers - ROMANCE DE BARRIO
08. Lay Mora - LOS MAREADOS
09. Lay Mora - PALOMITA BLANCA
10. Luis Saltos - ADIOS NONINO
11. Luis Saltos - EL DIA QUE ME QUIERAS
12. Luis Saltos - LA CUMPARSITA
13. Luis Saltos - LOS MAREADOS

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viernes, 16 de enero de 2015

Mercedes Sosa - LA HISTORIA - 2a. parte

Mercedes Sosa
LA HISTORIA - 2a. parte

01. Al Jardín De La República (En Vivo)
02. Del Tiempo De Mi Niñez
03. Pueblos De Gesto Antiguo
04. Volveré Siempre A San Juan
05. Volver A Los 17
06. La Estrella Azul (En vivo)
07. Canción Para Carito (En vivo 1984, León Gieco, Antonio Tarragó Ros, Peteco Carabajal)
08. Viejo Corazón
09. El Violín De Becho
10. Calle Angosta
11. Regreso A La Tonada
12. Peoncito De Estancia
13. Gracias A La Vida
14. Honrar La Vida
15. Si Llega A Ser Tucumana
16. Déjame Que Me Vaya
17. Canción Con Todos
18. Digo La Mazamorra
19. Como La Cigarra (En vivo 1982, Teatro Opera Bs. As.)
20. Todavía Cantamos

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Mercedes Sosa - LA HISTORIA

Mercedes Sosa
LA HISTORIA

01. A Monteros
02. La Flor Azul (En Vivo)
03. Los Hermanos
04. Alfonsina Y El Mar
05. La Arenosa (En Vivo)
06. Ojos Azules
07. Balderrama
08. Para Cantar He Nacido
09. Yo Vengo A Ofrecer Mi Corazón
10. Todo Cambia
11. Como Pájaros En El Aire
12. La Pomeña
13. Viejas Promesas
14. Años (En Vivo)
15. La Villerita
16. Agitando Pañuelos
17. Y Dale Alegría A Mi Corazón
18. Sólo Le Pido A Dios (En Vivo)
19. Pollerita Colorada (En Vivo)
20. María, María


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jueves, 15 de enero de 2015

Chaco Salteño - LO QUE NOS DEJO DON FRANCISCO L. SANCHEZ

Chaco Salteño
LO QUE NOS DEJO DON FRANCISCO L. SANCHEZ
Rodante RGH 20.075

01. LA VUELTA DEL VIOLINERO - chacarera - Francisco L. Sánchez
02. MI QUERIDO TARTAGAL - zamba - Isaac Saúl, Francisco L. Sánchez
03. DOMINGO SANTIAGUEÑO - Carlos Carabajal
04. QUE GATO RARO - gato  - Francisco L. Sánchez
05. CIELO DE LA BAGUALA - zamba - Daniel Toro, R. Pérez
06. EL DOLOR DE NUESTRAS VIDAS - polka - O. Paz, M. Alvarez Quiroga
07. LASGOS CAMINOS ME IRE - chacarera - Francisco L. Sánchez
08. BLANCO Y AZUL - zamba - D. R.
09. RIVADAVIA BANDA SUR - chacarera - Francisco L. Sánchez
10. GAUCHO DE FIBRA CRIOLLA - gato - Francisco L. Sánchez
11. CHACARERA A SAUCE SOLO - chacarera - M. Solorza, P. Contreras, O. Zalazar
12. QUE BELLO SUEÑO SOÑE - chacarera - Trullenque, Carabajal


Producido y Distribuido por
VICTORIA CHURQUINA
Alberdi 153 - Perico - Pcia, de jujuy
Pproductor Ejecutivo
CARLOS HUMBERTO CHURQUINA

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Aporte de Marfelín Carabajal

Chaco Salteño - VUELVE...YO SE PORQUE

(Imagen referencial, no es portada)
Chaco Salteño
VUELVE...YO SE PORQUE

01. LA MATADORA - Milicota y Ternán
02. HASTA QUE CAIGA UNA ESTRELLA - Martín Zalazar
03. GATITO PARA MI MAMA - Carabajal
04. YO SE PORQUE - Alfredo Alfonzo
05. NO TE ME ESCONDAS VIDITA - Francisco L. Sánchez
06. AMOR CHAPACO - Gilberto Rojas
07. PARA LOS TATAS DE TODOS - Francisco L. Sánchez
08. VIDALA DEL HACHADOR - Francisco L. Sánchez
09. LA VIAJERITA - Roberto Chavero
10. LA MATACA OLLERA - Francisco L. Sánchez
11. SIN UN ADIOS - Olver Salazar
12. LA HUANCHAQUEÑA - anónimo

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Famoso Conjunto CHACO SALTEÑO - ALMA DE VIOLIN


Famoso Conjunto CHACO SALTEÑO
Director: FRANCISCO LEONARDO SANCHEZ
Rodante RGH 50025

01. Alma de Violín - Zamba - F.L. Sánchez, A. Serenata Saavedra
02. La anclada - Chacarera - F.L. Sánchez, A.M. Saravia
03. Mi lindo Cafayate – Gato - Francisco L. Sánchez
04. No te me escondas vidita – Escondido - Francisco L. Sánchez
05. Zamba de la bailarina - Zamba - F.L. Sánchez, José Ríos
06. La mataca ollera – Chacarera - Francisco L. Sánchez
07. La chicharra cantora – Chacarera – F. L. Sánchez, A. M. Saravia
08. Que bicho fiero – Gato – F. L. Sánchez, Oscar A. Salomón
09. Para los pagos vallistos – Chacarera - Francisco L. Sánchez
10. La Huanchaqueña - Zamba - DR.
11. Escondete que viene mi mama – Escondido - Francisco L. Sánchez
12. La Cerrillana – Zamba - Marcos Tames, Abel M. Saravia

Producido por
VICTORIA CHURQUINA
Alberdi 153 Perico - JUJUY - RA.
Distribuido por
CARLOS HUMBERTO CHURQUINA
Tels. (087) 225287 y 240594 - Salta

INDUSTRIA ARGENTINA
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(de los cassettes de Marfelín)

Carlos Montero -Y sigo con los tangos



Carlos Montero

Juan Carlos Zamboni, verdadero nombre de Carlos Montero, nació en Buenos Aires, en 1938.
Carlos, con su corazón “siempre mirando al Sur”, es un músico y un guitarrista excepcional que, además, canta; y lo hace con eso que en el lenguaje flamenco se llama “jondura”, es decir, con una voz que le sale de lo profundo y que suena a suspiro o a desgarro del alma; voz interior percibida, en ocasiones, como lamento o quejío, y, otras veces, como confidenciaamable y amiga que adquiere, en el tono sobrio de su voz, el valor de la palabra tierna, creíble y verdadera.
En su infancia y, por supuesto, en lo que sería su futuro artístico, desempeñó un papel fundamental el barrio concreto en que nació: fue en Mataderos, barrio que en el Buenos Aires de los años treinta era un lugar fronterizo entre la pampa y la gran ciudad.
A un lado de aquel barrio –y de la casa en que nació Carlos– se encontraba el mundo y la realidad rural, con sus paisajes, sus gentes sencillas, el verde, el ganado, el gaucho y su folclore –zambas, milongas y chacareras–; al otro lado, la ciudad, el suburbio, la sed de verde, la calle, el arrabal, el bullicio, la soledad, el tango; género musical de carácter urbano y popular que el gran Discépolo definió como un pensamiento triste que se baila.
Zambas, milongas, chacareras... y tangos..., que Carlos fue integrando en su sensibilidad musical; sensibilidad reforzada, además, a través de su formación clásica, adquirida, inicialmente, en las clases particulares de guitarra que recibió en su casa, y, poco tiempo después, en el Conservatorio Nacional de Música Carlos López Bouchardo.
El hecho fue que Carlos a los cinco años ya tocaba la guitarra.
Su padre –también guitarrero, que formaba parte de un grupo musical llamado Alberto Coria y su Cuarteto– lo que más deseaba era que su hijo se dedicara exclusivamente a estudiar, pero, a pesar de sus deseos, no pudo evitar que Carlos, siendo aún muy niño, iniciara sus primeras actuaciones en público.
Una de aquellas actuaciones tuvo lugar el 5 de octubre de 1949, en un Gran Festival Artístico y Cinematográfico, organizado por la Asociación “11 de Setiembre”, en el Cine National Palace; festival en que se le anunciaba así: “El niño Juan Carlos Zamboni. Canto, acompañado en guitarra”.
“En casa había gran tradición –comentaba Carlos en el diario Madrid, el 6 de noviembre de 1971–. Era lógico que me entusiasmara con la música desde el principio. Pero fue un aprendizaje duro, porque había que vivir y ganar dinero.
Así, toqué en salas de fiestas y cabarés, en salones folclóricos y boites, cuando era todavía un adolescente. Por supuesto, con el permiso de mi padre en el bolsillo, por si la policía me encontraba a altas horas de la noche en la calle... Después, ingresé en el Conservatorio de Música, donde aprendí las normas de lo clásico, que afortunadamente no destruyeron para nada mi entusiasmo ni mi afición por el folclore [...]. En el Conservatorio aprendí lo clásico; la calle me enseñó el folclore, lo que cantaba y sigue cantando la gente”.
Hasta 1959, Carlos Montero –o, mejor, Juan Carlos Zamboni– participó en diversos grupos musicales y afianzó su carrera como solista ofreciendo recitales de canto y guitarra en los que interpretaba, sobre todo, temas folclóricos.
Uno de aquellos recitales fue, por ejemplo, el que dio, en Buenos Aires, el 9 de agosto de 1958, organizado por MEEBA, Asociación de Estudiantes y Egresados de Bellas Artes.
Aquel recital, en el que Carlos interpretó obras populares de Ariel Ramírez, de Oscar Valles, de Eduardo Falú y de Jaime Dávalos, fue presentado en los siguientes términos: “Nuestra música autóctona, expresión melancólica de ardiente sentir que anida en los sentimientos de los hombres de nuestra tierra, tiene un ferviente y expresivo cultor en el joven artista Juan Carlos Zamboni [...].
MEEBA, al brindarlo a la consideración del público amante de esas bellezas del espíritu, asegura a este joven ejecutante un lugar de privilegio entre los valores de ese género que encuentra hoy en Buenos Aires la cuna del nacimiento del Arte Folclórico”.
En 1959, con toda la experiencia artística acumulada, Carlos recibió la oferta de un conocido músico argentino, Hugo Díaz, para incorporarse a una compañía folclórica que estaba montando con la intención de emprender una gira por diferentes países europeos; entre ellos, Alemania, Bélgica y Holanda.
Carlos aceptó la propuesta e ingresó en aquella compañía, que, con el nombre de Hugo Díaz y sus Changos, integraban el propio Hugo, Victoria Díaz –su mujer–, Carlos, Alberto Cortez y un bailarín apellidado Ferreira.
Así fue como Juan Carlos Zamboni, ya con el nombre artístico de Carlos Montero –sugerido por el representante de Hugo Díaz–, viajó por primera vez a Europa para presentar un espectáculo al que llamaron Argentine National Tanz-Show.
Finalizada aquella gira europea, Hugo Díaz y Victoria regresaron a Argentina, y Carlos Montero y Alberto Cortez decidieron quedarse en Europa.
Esta decisión la motivó el gran éxito que en aquel momento había logrado Alberto con la grabación, en Bruselas, de sus primeras canciones; entre ellas, El sucu-sucu y Las palmeras; grabación realizada en noviembre de 1960, en la que Carlos le acompañó a la guitarra. Aquella circunstancia le permitió a Alberto darse a conocer por toda Europa, y empezar a ofrecer numerosos recitales, en los que Carlos Montero solía acompañarle.
En 1964, Alberto Cortez, tras contraer matrimonio con Renée Govaerts, fijó su residencia en España, y Carlos, siguiendo sus pasos, tomó la decisión de trasladarse a vivir a Madrid.
Durante varios años –en concreto, entre 1964 y 1971, y, posteriormente, siempre que se lo solicitaron–, Carlos, vinculado totalmente a la canción de autor, llegó a convertirse en uno de los más importantes arreglistas de la época; por ejemplo, prestó su sensibilidad, su maestría y su sabiduría musical a artistas como Alberto Cortez, Luis Eduardo Aute, Mari Trini, Patxi Andión, Gontzal Mendibil, Jerónimo Granda, Adolfo Celdrán, Mestisay, Luis Pastor, Pablo Guerrero, Carlos Cano y muchos más.
En 1971, tras todo ese recorrido musical, decidió grabar su primer disco, con el fin de reivindicar y actualizar el auténtico folclore de su país natal. Aquella fue una aventura apasionante, gracias, entre otras razones, a su encuentro con el poeta argentino José Alberto Santiago –ganador del premio de poesía Leopoldo Panero, y hoy lamentablemente fallecido–, que llegó a convertirse en su cómplice literario inseparable.
“Yo siempre tuve ganas de hacer un disco –le comentaba Carlos a Alberto Míguez, en la entrevista al diario Madrid antes citada– He trabajado en varias casas de discos y estoy muy relacionado con el ‘medio’. Pero necesitaba una persona que compartiera mis propias inquietudes. Yo soy un mal letrista; no soy escritor, soy músico. Hasta que un día conocí por casualidad al poeta José Alberto Santiago, que compartía mis propias inquietudes pero desde otra perspectiva: la de la literatura. Él buscaba una persona que pudiera musicalizar sus poemas. Yo buscaba una letra adecuada para mis músicas. Comenzamos a reunirnos y hablamos largo rato”.
“Primero, surgía el tema poéticamente, y, después de muchas tentativas, tensiones, discrepancias, iban saliendo la música y la letra al unísono. No se trataba, pues, de dos realidades autónomas que llegaban a unirse, sino de un solo acto de creación, realizado al mismo tiempo por dos personas. Después de la reunión, cada uno se iba a su casa y revisaba, mejoraba los textos y la música. Claro que no todas las tardes fueron inspiradas. Nos pasamos muchas horas en blanco, sin saber qué escribir ni qué inventar. Otras eran, por el contrario, tremendamente fecundas. Dependía del estado de ánimo y de la inspiración”.
Así fue como nacieron los tres primeros discos de Carlos Montero; tres obras inolvidables que se convirtieron en documentos sonoros básicos para entender y para disfrutar de la auténtica música popular argentina.
El primero se llamó De la huella (Movieplay, 1971), disco en el que, además de las canciones compuestas sobre textos de José Alberto Santiago, Carlos incluyó el tema Hacia la ausencia, de Jaime Dávalos y Eduardo Falú, y una preciosa zamba basada en un poema de Patxi Andión. Con ese disco ya en el mercado, Carlos Montero participó en el Primer Festival Internacional del Poema Musicado –también llamado Festival del Fuego–, celebrado en septiembre de 1972, en el Club Entrepicos, de la sierra madrileña.
En aquel festival, Carlos y José Alberto obtuvieron el primer premio con el tema Zamba de la pensión; canción que grabó y editó Movieplay en un single, y que inmediatamente adquirió una gran popularidad.
Los otros dos discos de Carlos, creados en colaboración con el poeta José Alberto Santiago sobre temas del folclore argentino actualizados, fueron los titulados De las raíces (Movieplay, 1973) y De allá lejos y este tiempo (Movieplay, 1976).
Sobre el valor musical y poético de estos discos resulta muy interesante el contenido de la carta que le escribió el poeta Félix Grande a Julio Cortázar, residente en aquel entonces en París, que apareció publicada en la carpeta del segundo LP de Carlos Montero –De las raíces–, y de la que me voy a permitir reproducir un fragmento:
“José Alberto Santiago –escribía Félix Grande– sigue dándole al verso, por aquí anda, y en una de ésas acertó en todo el centro a unas cuantas letras de zamba, milonga, chacarera, vidala y, sobre todo, claro, de vidalita irreparable; y como a veces es verdad que nada importante se pierde, apareció Carlos Montero, un porteño de Mataderos (¡de Mataderos, che!), agarró esas letras tan verdaderamente argentinas que hasta llevan entre sus versos unos años de expatriación, y amando mucho a su lejana partida de bautismo diseminada por toda aquella patria de provincias inmensas y caudillos norteños y del folclore impresionante, y usando de su voz que es a la vez ingenua y profesora, que es a la vez tierna y viril (si vieras qué cantor de tangos), y manejando una técnica guitarrística de estudioso del corazón, y creando melodías alucinadas, hizo con todo ello unos discos, que son, también, una partida de bautismo, un lenguaje; por eso tú, Julio, parsimonioso catador de lenguajes, imagina que en dirigible umbilical y misteriosamente llegué a París, que en silencio y sin llave y sin llamar entré en tu casa, que eché a andar este disco que se llama De las raíces con precisión tumultuosa, y que sin hacer ruido me fue cuando empezaba a sonar esa Zamba de la pensión insoportablemente hermosa o esa excepcional vidalita que ahora tú empiezas a oír desde la almohada insomne, y te levantas, y te acercas hasta esta música, y escuchas solitario, y empiezas a preparar el mate, y fumas en la oscuridad deseando suerte para vivir a estos poetas, a estos dos camaradas americanos que giran, giran, giran su amor y su nostalgia y su profundidad en este disco incontenible”.
Paralelamente al trabajo creador que hemos analizado, en el que Carlos realizó la reivindicación y la actualización del auténtico folclore rural de su país, también se propuso la necesaria recuperación de la esencia de otro género de la música popular argentina de carácter más urbano: el tango; recuperación personalísima y dignificadora que calificó como Tangos a mi manera, nombre del primer LP, grabado en 1973 por Carlos Montero y dedicado exclusivamente a ese género.
En la contraportada de la carpeta de aquel disco, Carlos escribía:
“Quiero dejar constancia de que el tango es una parte más de la música popular argentina y de que Buenos Aires es otra de las muchas regiones que le dan variedad y riqueza al folclore.
Por todo esto y a mi manera, quiero rendir un homenaje a aquellos hombres que, alrededor de los años treinta, comprendieron el peligro de la comercialidad y la cursilería que rodeaba al tango.
Gracias a sus obras, podemos gozar hoy de su autenticidad y también del peculiar lenguaje que aún se mantiene, ¡lo único quizá!, y que les da a los porteños esa particularidad que distingue a los pueblos con propias y entrañables raíces”.
Homenaje que en Tangos a mi manera se traduce en la exaltación de grandes nombres propios como Homero Manzi, Aníbal Troilo, Enrique Santos Discépolo y Mariano Mores, y en piezas hermosamente inolvidables como Cambalache, Cafetín de Buenos Aires, El último organillo, Malena, Sur y Che bandoneón.
Catorce años más tarde, sin dejar de trabajar como compositor y como arreglista, y de acompañar a la guitarra a muchos de los compañeros artistas antes citados, Carlos grabó y publicó una nueva obra, titulada Y sigo con los tangos... (Saga, 1987).
En aquel disco volvió a hacerse presente la obra de Discépolo con temas como Esta noche me emborracho, Victoria y Yira yira; y, junto a él, otros grandes creadores argentinos como Homero Expósito, Nicolás Olivari, Homero Manzi o Eladia Blázquez.
Apartir de aquel momento, la presencia discográfica de Carlos, interpretando tangos, fue permanente. Entre sus discos figuran los siguientes:
Con el tango en el bolsillo (Saga, 1989) –en el que incluye, por ejemplo, el tema Setenta balcones, de Piazzolla y Baldomero Fernández Moreno–, Perfil de tango (RTVE-RNE, 1990), un segundo disco titulado Tangos a mi manera (RTVE-RNE, 1990) –ilustrado con un magnífico retrato de Aute– y Naturalmente, tangos (Centro de la Cultura Popular Canaria, 2001).
Luis Eduardo Aute, refiriéndose a esa pasión que Carlos Montero siente y sabe transmitir con el tango, y, en general, a su extraordinaria personalidad como músico y como guitarrista, realiza este comentario:
“Me propuse conocer a Carlos, allá por el 68, después de haberlo escuchado tocar la guitarra, acompañando a otro compañero, en un programa de radio. Carlos tocaba, y toca, la guitarra como a mí me hubiera gustado hacerlo, por eso llegué a la urgente necesidad de conocer a aquel extraordinario guitarrista. A partir de aquel encuentro, se inició una amistad que daría como fruto toda una serie de discos, mis primeros discos, que contaban con la imprescindible colaboración de Carlos. Todos los arreglos de aquellas canciones eran arreglos suyos. Eran trabajos de difícil clasificación porque intentaban a toda costa salirse de la norma instrumental de aquellos años. Ahí están, como testimonio de aquel trabajo, discos como 24 canciones breves, Rito, Espuma, Sarcófago o Babel.
Pero, probablemente, la faceta oculta de Carlos, faceta que me descubrió algún tiempo después (pudores estúpidos del genio...), era la de cantante de folclore argentino y de tangos. [...] Los tangos, en la guitarra y en la voz de Carlos Montero, adquieren una nueva dimensión... Se transforman en canciones intimistas, llenas de matices que apuntan hacia nuevas vibraciones poéticas y musicales, a esa manera de entender la canción. Discépolo, Manzi, Cátulo Castillo, Cadícamo, Expósito, se descubrían, a través de la personalidad de Carlos, como los más grandes entre los grandes de la canción.
“Debo confesar, con toda sinceridad –continúa diciendo Aute–, que gracias a Carlos y sus tangos, abrí los ojos y los oídos a una ‘esencialidad’ de la manera de escribir canciones. Gracias a esos tangos..., a la manera de Carlos, empecé a aprender, y todavía sigo en el empeño, el muy difícil oficio de juntar palabras y acordes musicales con el fin de ser cantados”.
Por su parte, Moncho Alpuente, al hablar de Carlos Montero, en 1990, escribió lo siguiente:
“Carlos Montero sabe que el tango anida en los rincones oscuros de bulevares y plazuelas, folclore bastardo que se nutre de sombras, de mujeres fugaces que dejaron su huella en el empedrado. Su guitarra conjura los espíritus del tango y la milonga, al otro lado del Atlántico, y sus espíritus responden porque el viajero es un iniciado en los misterios que destilan las seis cuerdas. Su voz, como un susurro de aguardiente y nostalgia, repasa las lejanas geografías de Buenos Aires. [...]
“Carlos Montero, contemporáneo y sabio, traspasa las fronteras del tiempo y del espacio con su canción eterna, melodía de arrabal, de todos los arrabales del mundo en los que reina resucitado por su ensalmo S. M. el Tango”.
De Carlos Montero debemos decir, por último, que, en 1990, fue galardonado con el premio Gardel de Oro, otorgado por el Centro Cultural Argentino del Tango, en Buenos Aires, y que ha sido director y presentador, en Radio Nacional de España, del programa titulado La noche que me quieras.

Carlos Montero
Y SIGO CON LOS TANGOS

01. YIRA YIRA - E. S. Discépolo
02. SOLO SE QUIERE UNA VEZ - C. Frollo, Carlos V. G. Flores
03. MAQUILLAJE - H. y V. Expósito
04. SIN PIEL - Eladia Blázquez
05. VICTORIA - E. S. Discépolo
06. AFICHES - H. Expósito, A. Stampone
07. TRES ESQUINAS - Cadícamo, Attadia y D'Agostino
08. CAFETIN - H. Expósito, A. Galván
09. ESTA NOCHE ME EMBORRACHO - E. S. Discépolo
10. SEXTO PISO - H. Expósito, R. Blanco
11. LA VIOLETA - N. Olivari, C. Castillo
12. EL ULTIMO ORGANITO - H. Manzi
13. SETENTA BALCONES - A. Piazzolla, B. Fernández Moreno
14. UNA CANCION - A. Troilo, F. de Rose, Audón López, Juan M. Velich
15. UNO - E. S. Discépolo

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(Gentileza de eltangoysusinvitados.blogspot)

Carlos Montero - De las raíces

Carlos Montero
DE LAS RAICES
Movieplay
1973

01. Zamba de la pensión
02. Gato de los árboles
03. Baguala en la muerte de un gaucho del 'Chacho' Peñaloza
04. Estilo del pobre
05. Chacarera del provinciano
06. Vidalita del no estar
07. El 'trompezao'
08. La despedida
09. Cifra para un regreso
10. Milonga del cantor

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Carlos Montero - DE LA HUELLA


Carlos Montero
DE LA HUELLA
Movieplay
1972

01. MILONGA DE OTOÑO
02. HACIA LA AUSENCIA
03. VIDALA DE LA SEQUIA
04. CHACARERA DEL CORDOBES
05. EL TATA JUAN
06. ZAMBA SIN DESPEDIDA
07. MILONGA DEL ''A VECES''
08. VIDALA DE LA AUSENCIA
09. ZAMBA
10. HUELLA PARA ECHARSE AL CAMPO

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Carlos Montero - De allá lejos y este tiempo

Carlos Montero
DE ALLA LEJOS Y ESTE TIEMPO
1976

01. Milonga del canto triste
02. Chaya del solo
03. Campo
04. Zamba de la Elda
05. Coplas del divertido
06. La riojanita
07. Vals criollo
08. Cielo de los avenidos
09. Preludio No1
10. Tonadas del amor viejo

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Carlos Montero

Carlos Montero

por Fernando G. Lucini el 03/10/2008 
Juan Carlos Zamboni, verdadero nombre de Carlos Montero, nació en Buenos Aires, en 1938.

Carlos, con su corazón “siempre mirando al Sur”, es un músico y un guitarrista excepcional que, además, canta; y lo hace con eso que en el lenguaje flamenco se llama “jondura”, es decir, con una voz que le sale de lo profundo y que suena a suspiro o a desgarro del alma; voz interior percibida, en ocasiones, como lamento o quejío, y, otras veces, como confidencia amable y amiga que adquiere, en el tono sobrio de su voz, el valor de la palabra tierna, creíble y verdadera.

En su infancia y, por supuesto, en lo que sería su futuro artístico, desempeñó un papel fundamental el barrio concreto en que nació: fue en Mataderos, barrio que en el Buenos Aires de los años treinta era un lugar fronterizo entre la pampa y la gran ciudad.

A un lado de aquel barrio –y de la casa en que nació Carlos– se encontraba el mundo y la realidad rural, con sus paisajes, sus gentes sencillas, el verde, el ganado, el gaucho y su folclore –zambas, milongas y chacareras–; al otro lado, la ciudad, el suburbio, la sed de verde, la calle, el arrabal, el bullicio, la soledad, el tango; género musical de carácter urbano y popular que el gran Discépolo definió como un pensamiento triste que se baila.

Zambas, milongas, chacareras... y tangos..., que Carlos fue integrando en su sensibilidad musical; sensibilidad reforzada, además, a través de su formación clásica, adquirida, inicialmente, en las clases particulares de guitarra que recibió en su casa, y, poco tiempo después, en el Conservatorio Nacional de Música Carlos López Bouchardo.

El hecho fue que Carlos a los cinco años ya tocaba la guitarra.

Su padre –también guitarrero, que formaba parte de un grupo musical llamado Alberto Coria y su Cuarteto– lo que más deseaba era que su hijo se dedicara exclusivamente a estudiar, pero, a pesar de sus deseos, no pudo evitar que Carlos, siendo aún muy niño, iniciara sus primeras actuaciones en público.

Una de aquellas actuaciones tuvo lugar el 5 de octubre de 1949, en un Gran Festival Artístico y Cinematográfico, organizado por la Asociación “11 de Setiembre”, en el Cine National Palace; festival en que se le anunciaba así: “El niño Juan Carlos Zamboni. Canto, acompañado en guitarra”.

“En casa había gran tradición –comentaba Carlos en el diario Madrid, el 6 de noviembre de 1971–. Era lógico que me entusiasmara con la música desde el principio. Pero fue un aprendizaje duro, porque había que vivir y ganar dinero.

Así, toqué en salas de fiestas y cabarés, en salones folclóricos y boites, cuando era todavía un adolescente. Por supuesto, con el permiso de mi padre en el bolsillo, por si la policía me encontraba a altas horas de la noche en la calle... Después, ingresé en el Conservatorio de Música, donde aprendí las normas de lo clásico, que afortunadamente no destruyeron para nada mi entusiasmo ni mi afición por el folclore [...]. En el Conservatorio aprendí lo clásico; la calle me enseñó el folclore, lo que cantaba y sigue cantando la gente”.

Hasta 1959, Carlos Montero –o, mejor, Juan Carlos Zamboni– participó en diversos grupos musicales y afianzó su carrera como solista ofreciendo recitales de canto y guitarra en los que interpretaba, sobre todo, temas folclóricos.

Uno de aquellos recitales fue, por ejemplo, el que dio, en Buenos Aires, el 9 de agosto de 1958, organizado por MEEBA, Asociación de Estudiantes y Egresados de Bellas Artes.

Aquel recital, en el que Carlos interpretó obras populares de Ariel Ramírez, de Oscar Valles, de Eduardo Falú y de Jaime Dávalos, fue presentado en los siguientes términos: “Nuestra música autóctona, expresión melancólica de ardiente sentir que anida en los sentimientos de los hombres de nuestra tierra, tiene un ferviente y expresivo cultor en el joven artista Juan Carlos Zamboni [...].

MEEBA, al brindarlo a la consideración del público amante de esas bellezas del espíritu, asegura a este joven ejecutante un lugar de privilegio entre los valores de ese género que encuentra hoy en Buenos Aires la cuna del nacimiento del Arte Folclórico”.

En 1959, con toda la experiencia artística acumulada, Carlos recibió la oferta de un conocido músico argentino, Hugo Díaz, para incorporarse a una compañía folclórica que estaba montando con la intención de emprender una gira por diferentes países europeos; entre ellos, Alemania, Bélgica y Holanda.

Carlos aceptó la propuesta e ingresó en aquella compañía, que, con el nombre de Hugo Díaz y sus Changos, integraban el propio Hugo, Victoria Díaz –su mujer–, Carlos, Alberto Cortez y un bailarín apellidado Ferreira.

Así fue como Juan Carlos Zamboni, ya con el nombre artístico de Carlos Montero –sugerido por el representante de Hugo Díaz–, viajó por primera vez a Europa para presentar un espectáculo al que llamaron Argentine National Tanz-Show.

Finalizada aquella gira europea, Hugo Díaz y Victoria regresaron a Argentina, y Carlos Montero y Alberto Cortez decidieron quedarse en Europa.

Esta decisión la motivó el gran éxito que en aquel momento había logrado Alberto con la grabación, en Bruselas, de sus primeras canciones; entre ellas, El sucu-sucu y Las palmeras; grabación realizada en noviembre de 1960, en la que Carlos le acompañó a la guitarra. Aquella circunstancia le permitió a Alberto darse a conocer por toda Europa, y empezar a ofrecer numerosos recitales, en los que Carlos Montero solía acompañarle.

En 1964, Alberto Cortez, tras contraer matrimonio con Renée Govaerts, fijó su residencia en España, y Carlos, siguiendo sus pasos, tomó la decisión de trasladarse a vivir a Madrid.

Durante varios años –en concreto, entre 1964 y 1971, y, posteriormente, siempre que se lo solicitaron–, Carlos, vinculado totalmente a la canción de autor, llegó a convertirse en uno de los más importantes arreglistas de la época; por ejemplo, prestó su sensibilidad, su maestría y su sabiduría musical a artistas como Alberto Cortez, Luis Eduardo Aute, Mari Trini, Patxi Andión, Gontzal Mendibil, Jerónimo Granda, Adolfo Celdrán, Mestisay, Luis Pastor, Pablo Guerrero, Carlos Cano y muchos más.

En 1971, tras todo ese recorrido musical, decidió grabar su primer disco, con el fin de reivindicar y actualizar el auténtico folclore de su país natal. Aquella fue una aventura apasionante, gracias, entre otras razones, a su encuentro con el poeta argentino José Alberto Santiago –ganador del premio de poesía Leopoldo Panero, y hoy lamentablemente fallecido–, que llegó a convertirse en su cómplice literario inseparable.

“Yo siempre tuve ganas de hacer un disco –le comentaba Carlos a Alberto Míguez, en la entrevista al diario Madrid antes citada– He trabajado en varias casas de discos y estoy muy relacionado con el ‘medio’. Pero necesitaba una persona que compartiera mis propias inquietudes. Yo soy un mal letrista; no soy escritor, soy músico. Hasta que un día conocí por casualidad al poeta José Alberto Santiago, que compartía mis propias inquietudes pero desde otra perspectiva: la de la literatura. Él buscaba una persona que pudiera musicalizar sus poemas. Yo buscaba una letra adecuada para mis músicas. Comenzamos a reunirnos y hablamos largo rato”.

“Primero, surgía el tema poéticamente, y, después de muchas tentativas, tensiones, discrepancias, iban saliendo la música y la letra al unísono. No se trataba, pues, de dos realidades autónomas que llegaban a unirse, sino de un solo acto de creación, realizado al mismo tiempo por dos personas. Después de la reunión, cada uno se iba a su casa y revisaba, mejoraba los textos y la música. Claro que no todas las tardes fueron inspiradas. Nos pasamos muchas horas en blanco, sin saber qué escribir ni qué inventar. Otras eran, por el contrario, tremendamente fecundas. Dependía del estado de ánimo y de la inspiración”.

Así fue como nacieron los tres primeros discos de Carlos Montero; tres obras inolvidables que se convirtieron en documentos sonoros básicos para entender y para disfrutar de la auténtica música popular argentina.

El primero se llamó De la huella (Movieplay, 1971), disco en el que, además de las canciones compuestas sobre textos de José Alberto Santiago, Carlos incluyó el tema Hacia la ausencia, de Jaime Dávalos y Eduardo Falú, y una preciosa zamba basada en un poema de Patxi Andión. Con ese disco ya en el mercado, Carlos Montero participó en el Primer Festival Internacional del Poema Musicado –también llamado Festival del Fuego–, celebrado en septiembre de 1972, en el Club Entrepicos, de la sierra madrileña.

En aquel festival, Carlos y José Alberto obtuvieron el primer premio con el tema Zamba de la pensión; canción que grabó y editó Movieplay en un single, y que inmediatamente adquirió una gran popularidad.

Los otros dos discos de Carlos, creados en colaboración con el poeta José Alberto Santiago sobre temas del folclore argentino actualizados, fueron los titulados De las raíces (Movieplay, 1973) y De allá lejos y este tiempo (Movieplay, 1976).

Sobre el valor musical y poético de estos discos resulta muy interesante el contenido de la carta que le escribió el poeta Félix Grande a Julio Cortázar, residente en aquel entonces en París, que apareció publicada en la carpeta del segundo LP de Carlos Montero –De las raíces–, y de la que me voy a permitir reproducir un fragmento:

“José Alberto Santiago –escribía Félix Grande– sigue dándole al verso, por aquí anda, y en una de ésas acertó en todo el centro a unas cuantas letras de zamba, milonga, chacarera, vidala y, sobre todo, claro, de vidalita irreparable; y como a veces es verdad que nada importante se pierde, apareció Carlos Montero, un porteño de Mataderos (¡de Mataderos, che!), agarró esas letras tan verdaderamente argentinas que hasta llevan entre sus versos unos años de expatriación, y amando mucho a su lejana partida de bautismo diseminada por toda aquella patria de provincias inmensas y caudillos norteños y del folclore impresionante, y usando de su voz que es a la vez ingenua y profesora, que es a la vez tierna y viril (si vieras qué cantor de tangos), y manejando una técnica guitarrística de estudioso del corazón, y creando melodías alucinadas, hizo con todo ello unos discos, que son, también, una partida de bautismo, un lenguaje; por eso tú, Julio, parsimonioso catador de lenguajes, imagina que en dirigible umbilical y misteriosamente llegué a París, que en silencio y sin llave y sin llamar entré en tu casa, que eché a andar este disco que se llama De las raíces con precisión tumultuosa, y que sin hacer ruido me fue cuando empezaba a sonar esa Zamba de la pensión insoportablemente hermosa o esa excepcional vidalita que ahora tú empiezas a oír desde la almohada insomne, y te levantas, y te acercas hasta esta música, y escuchas solitario, y empiezas a preparar el mate, y fumas en la oscuridad deseando suerte para vivir a estos poetas, a estos dos camaradas americanos que giran, giran, giran su amor y su nostalgia y su profundidad en este disco incontenible”.

Paralelamente al trabajo creador que hemos analizado, en el que Carlos realizó la reivindicación y la actualización del auténtico folclore rural de su país, también se propuso la necesaria recuperación de la esencia de otro género de la música popular argentina de carácter más urbano: el tango; recuperación personalísima y dignificadora que calificó como Tangos a mi manera, nombre del primer LP, grabado en 1973 por Carlos Montero y dedicado exclusivamente a ese género.

En la contraportada de la carpeta de aquel disco, Carlos escribía:

“Quiero dejar constancia de que el tango es una parte más de la música popular argentina y de que Buenos Aires es otra de las muchas regiones que le dan variedad y riqueza al folclore.

Por todo esto y a mi manera, quiero rendir un homenaje a aquellos hombres que, alrededor de los años treinta, comprendieron el peligro de la comercialidad y la cursilería que rodeaba al tango.

Gracias a sus obras, podemos gozar hoy de su autenticidad y también del peculiar lenguaje que aún se mantiene, ¡lo único quizá!, y que les da a los porteños esa particularidad que distingue a los pueblos con propias y entrañables raíces”.

Homenaje que en Tangos a mi manera se traduce en la exaltación de grandes nombres propios como Homero Manzi, Aníbal Troilo, Enrique Santos Discépolo y Mariano Mores, y en piezas hermosamente inolvidables como Cambalache, Cafetín de Buenos Aires, El último organillo, Malena, Sur y Che bandoneón.

Catorce años más tarde, sin dejar de trabajar como compositor y como arreglista, y de acompañar a la guitarra a muchos de los compañeros artistas antes citados, Carlos grabó y publicó una nueva obra, titulada Y sigo con los tangos... (Saga, 1987).

En aquel disco volvió a hacerse presente la obra de Discépolo con temas como Esta noche me emborracho, Victoria y Yira yira; y, junto a él, otros grandes creadores argentinos como Homero Expósito, Nicolás Olivari, Homero Manzi o Eladia Blázquez.

Apartir de aquel momento, la presencia discográfica de Carlos, interpretando tangos, fue permanente. Entre sus discos figuran los siguientes:

Con el tango en el bolsillo (Saga, 1989) –en el que incluye, por ejemplo, el tema Setenta balcones, de Piazzolla y Baldomero Fernández Moreno–, Perfil de tango (RTVE-RNE, 1990), un segundo disco titulado Tangos a mi manera (RTVE-RNE, 1990) –ilustrado con un magnífico retrato de Aute– y Naturalmente, tangos (Centro de la Cultura Popular Canaria, 2001).

Luis Eduardo Aute, refiriéndose a esa pasión que Carlos Montero siente y sabe transmitir con el tango, y, en general, a su extraordinaria personalidad como músico y como guitarrista, realiza este comentario:

“Me propuse conocer a Carlos, allá por el 68, después de haberlo escuchado tocar la guitarra, acompañando a otro compañero, en un programa de radio. Carlos tocaba, y toca, la guitarra como a mí me hubiera gustado hacerlo, por eso llegué a la urgente necesidad de conocer a aquel extraordinario guitarrista. A partir de aquel encuentro, se inició una amistad que daría como fruto toda una serie de discos, mis primeros discos, que contaban con la imprescindible colaboración de Carlos. Todos los arreglos de aquellas canciones eran arreglos suyos. Eran trabajos de difícil clasificación porque intentaban a toda costa salirse de la norma instrumental de aquellos años. Ahí están, como testimonio de aquel trabajo, discos como 24 canciones breves, Rito, Espuma, Sarcófago o Babel.

Pero, probablemente, la faceta oculta de Carlos, faceta que me descubrió algún tiempo después (pudores estúpidos del genio...), era la de cantante de folclore argentino y de tangos. [...] Los tangos, en la guitarra y en la voz de Carlos Montero, adquieren una nueva dimensión... Se transforman en canciones intimistas, llenas de matices que apuntan hacia nuevas vibraciones poéticas y musicales, a esa manera de entender la canción. Discépolo, Manzi, Cátulo Castillo, Cadícamo, Expósito, se descubrían, a través de la personalidad de Carlos, como los más grandes entre los grandes de la canción.

“Debo confesar, con toda sinceridad –continúa diciendo Aute–, que gracias a Carlos y sus tangos, abrí los ojos y los oídos a una ‘esencialidad’ de la manera de escribir canciones. Gracias a esos tangos..., a la manera de Carlos, empecé a aprender, y todavía sigo en el empeño, el muy difícil oficio de juntar palabras y acordes musicales con el fin de ser cantados”.

Por su parte, Moncho Alpuente, al hablar de Carlos Montero, en 1990, escribió lo siguiente:

“Carlos Montero sabe que el tango anida en los rincones oscuros de bulevares y plazuelas, folclore bastardo que se nutre de sombras, de mujeres fugaces que dejaron su huella en el empedrado. Su guitarra conjura los espíritus del tango y la milonga, al otro lado del Atlántico, y sus espíritus responden porque el viajero es un iniciado en los misterios que destilan las seis cuerdas. Su voz, como un susurro de aguardiente y nostalgia, repasa las lejanas geografías de Buenos Aires. [...]

“Carlos Montero, contemporáneo y sabio, traspasa las fronteras del tiempo y del espacio con su canción eterna, melodía de arrabal, de todos los arrabales del mundo en los que reina resucitado por su ensalmo S. M. el Tango”.

De Carlos Montero debemos decir, por último, que, en 1990, fue galardonado con el premio Gardel de Oro, otorgado por el Centro Cultural Argentino del Tango, en Buenos Aires, y que ha sido director y presentador, en Radio Nacional de España, del programa titulado La noche que me quieras.

DISCOGRAFÍA DE CARLOS MONTERO

 De la huella (Movieplay, 1971) • De las raíces (Movieplay, 1973)
 • Tangos a mi manera (Movieplay, 1973)
 • De allá lejos y este tiempo (Movieplay, 1976)
 • Y sigo con los tangos... (Saga, 1987)
 • Con el tango en el bolsillo (Saga, 1989)
 • Perfil de tango (RTVE-RNE, 1990)
 • Tangos a mi manera II (RTVE-RNE, 1990)
 • Naturalmente, tangos (Centro de la Cultura Popular Canaria, 2001)
 • Tangolatría (Sello Autor, 2008)

martes, 13 de enero de 2015

Carlos Vega Pereda A MIS PADRES SALTEÑOS

Carlos Vega Pereda
A MIS PADRES SALTEÑOS


          ''Aficionate a la copla/ ya veras lo que es bueno/ se te llenaran las siestas/ de mariposas sin sueño'' (Vicente Barbieri).
           Carlos Vega Pereda desconocia entonces la copla del poeta. Pero en el valle y el río; en las arenas y las piedras, su corazón ya sabía que estaban allí encerradas. Noche adentro, atravesando montañas de sombras, los sueños fueron forjando la posesión de una guitarra con clavijero de estrellas.
           El hombre que nace y crece y madura, como la planta, encontro también el día en que, echado a andar los caminos , hizo realidad su sueño. Y fué suya la guitarra. Y aprendió a cosechar las coplas, para hacerlas canciones que echaron a volar como bandadas de palomas.
                                                 Hay que ser como es el sauce
                                                 que lo hachan, vuelve a crecer,
                                                 y aunque lo pongan de poste
                                                 comienza a reverdecer... 
                                                                                                              (Jaime Davalos - ''Coplas'')

            En la larga cinta que es el camino de la vida, supo crecer con madera noble y frutos sabrosos que calman la sed de cantos y poesías del hombre. La misma vida armó algún brazo que quizo abrir heridas en el tronco. Pero Carlos Vega Pereda - juglar de estos tiempos en la tierra mía - como aconseja la copla, supo reverdecer. Y la savia lírica que alimenta su alma supo hacerle más liviana la carga con la fuerza y con la magia de sus cantares.
                                                  La copla es canto del pueblo
                                                  y el pueblo tierra en sazón,
                                                  por eso va por el tiempo
                                                  la copla como una flor.
                                                                                                               (Horacio Enrique Guillén)

            Carlos Vega Pereda es hijo de este pueblo argentino. El destino lo hizo cantor. Por eso la dulzura de su canto anda por el tiempo y distancia sembrando el perfume de su arte, regalando su sentir. Como las aves al amanecer; dejando trinos al viento para que los guste a quien sepa escuchar. Canción tierna o dolida. A veces con angustia de distancias. A veces como un morral cargado de verdades. Pero siempre es canción de su tierra. Pájaro que echa a volar se confunde con la bandera azul y blanca del cielo.

            Para abrir esa ventana a los senderos del mundo, Carlos Vega Pereda acollara a su voz y a su guitarra el milagro de otras cuerdas que visten ropaje de gala a su cantar.
            Escuche esta voz. Y luego tal vez piense como yo. Que tambien Carlos Vega Pereda. Puede decir aquello de:

                                          En algo nos parecemos
                                          luna de la soledad;
                                          yo voy andando y cantando
                                          que es mi modo de alumbrar.
                                                                                                        (Atahualpa Yupanqui)


Asesoría Artística: GUILLERMO TERUEL

Carlos Vega Pereda
A MIS PADRES SALTEÑOS
MH 2618
1976


01. A mis padres salteños - zamba - Carlos Vega Pereda, Pedro Tusoli
02. Vallecito - canción - Buenaventura Luna
03. Mi caballo bayo - canción - Carlos Gardel, José Razzano
04. Que beso recuerdas - canción - Carlos Vega Pereda
05. Mis botas - gato - Guillermo Teruel-
06. Yo se jugar - cueca - Carlos Vega Pereda, Buenaventura Luna
07. Monumento vegetal - cueca -  Esteban Toselli, Carlos Vega Pereda
08. Siempre - tonada - Atahualpa Yupanqui
09. Con el aire - cueca - Pedro Herrera, Buenaventura Luna
10. Otra razón - tonada - Carlos Vega Pereda, Buenaventura Luna
11. Solito - canción - Buenaventura Luna
12. Por eso soy cantor - milonga - Luis Rodríguez Armesto, Carlos Vega Pereda

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Aporte de Alberto Orozco

domingo, 11 de enero de 2015

Carlos Santa María - RESURRECCION DE LA ALEGRIA


Carlos Santa María
RESURRECCION DE LA ALEGRIA
Sello ?
Año?

(En contratapa nota sobre Carlos Santa María firmada por Galo Mora Witt y cita de Armando Tejada Gómez)

01.Resurreción de la alegría-canción-Armando Tejada Gómez, César Isella
02. Mariposa triste-zamba-Daniel Toro, Fonseca
03. Natalia-George Moustaki
04. Cruz de luz-Daniel Viglietti
05. Milonga de la huella-milonga-Carlos Santa María
06. Cielo en flor-canción-Aníbal Sampayo
07 Ya no será-Idea Villarino, Carlos Santa María
08. Preludio criollo-preludio-Rodrigo Riera
09. Merceditas-chamamé-Ramón Ríos
10. Invettion-Juan Sebastían Bach
11. Juancito Tiradora-canción-Carlos Mejía Godoy

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Aporte de Roberto Lázaro, digitalizado por Miguel Latuff

(Se buscan las imágines de tapa y texto de contratapa)

Carlos Santa María - CAMPESINO


Carlos Santa María - CAMPESINO
Alguna vez, tratando asuntos de criollismo y paisaje, lancé esta pretensiosa afirmación: Sólo la poesía salvará al mundo.
Frente a los grandes problemas, a los confusos acontecimientos de este tiempo, mis palabras pueden resultar cándidas o temblorosamente equívocas. Pero yo no lo entiendo así. Históricamente, las guerras, las revoluciones,las conquistas técnicas, la parábola de la decadencia de un ciclo de vida humana se han ido sucediendo. Y sólo el salmo, el recóndito y humilde rezo callado del hombre se va salvando, en la medida en que contenga y exprese su paisaje, su pequeño y bienamado paisaje.
Tagore, Whitman, Neruda, Machado, Juan Ramón Jiménez, ensancharon la geografía espiritual de sus tierras, que son, en lo universal del concepto, nuestra tierra.También los juglares, los sencillos trovadores, los que reflejan su corazón en la esquina de la lágrima o en el rumor de sus vihuelas, van agrandando los pagos de su nacencia, cuando el canto se convierte en salmo que se desangra.
Atahualpa Yupanqui - 1972

Carlos Santa María
CAMPESINO
Disc Jockey EST. 10083

01. CAMPESINO - Canción - (Atahualpa Yupanqui)
02. CANTO A DIAMANTE - Canción - (Carlos Santa María)
03. EL ARBOL QUE TU OLVIDASTE - Canción - (Atahualpa Yupanqui)
04. RECUERDOS COSTEROS - Chamarrita - (Carlos Santa María)
05. LA POBRECITA - Zamba - (Atahualpa Yupanqui)
06. DIALOGO CON MI GUITARRA - Trémolo - (Carlos Santa María)
07. CORAZON DE PAMPA VIEJA - Canción - (Carlos Santa María, Víctor Velázquez)
08. SUCEDIO EN MI PAGO - Relato - (Carlos Santa María)
09. LOS HERMANOS - Milonga - (Atahualpa Yupanqui)

Carlos Santa María - DE LAS CUCHILLAS AL MEDANO


Carlos Santa María
DE LAS CUCHILLAS AL MEDANO
(Disc Jockey – EST 10058)

PRESENTACION
Ha sido siempre mi propósito poder realizar un trabajo como el que se me ha permitido llevar a cabo en esta oportunidad. Para fundamentar el mismo, requerí lo colaboración de Don Florencio López y Víctor Abel Giménez, folklorólogo y escritor, respectivamente.
Ambos hallaron razonable mi propósito. El primero de ellos basándose en los resultados obtenidos durante su larga investigación por el litoral musical, precisamente en los zonas donde se fue operando la estereotipación de los ritmos; N. de Entre Ríos: guaraní; S. de Entre Ríos: pampa; y el segundo, aportando sus amplios conocimientos en cosas de la llanura y sus excelentes condiciones de verseador surero.
Ubico inicialmente el bagaje musical en la parte norte de Entre Ríos para ir descendiendo por sus distintos zonas hasta llegar a la ancha boca de la llanura bonaerense, pero no por el simple hecho de pasar repentinamente del galopante ritmo de una chamarrita al bordoneo de una milonga pampeana, sino tratando de buscar algo de mayor importancia como lo es establecer la relación que existe en el área musical abordada. En síntesis, mi pretensión ha sido demostrar a través de este trabajo que el "decir nativo" entre la zona entrerriana y el llano que cobija la milonga, pese a la influencia musical guaranítica que encontramos hacia el norte de la tierra montaraz, guarda gran similitud, por obra y gracia de la transformación operada en el
área de influencia sureño.

1. LAZARO BLANCO (Galopeado de Linares Cardozo)
Partiendo de los versos de Don Atahualpa Yupanqui, elegidos para presentar la primera parte de esta obra, ubico ya la intención de mi canto en la zona montaraz de San José de Feliciano, allí donde a fines del siglo pasado existió un chasque que la comarca llamó Lázaro Blanco. Personaje de leyenda que se venero como a un santo pues se dice que es milagroso. Sus virtudes humanas de hombre manso, jinete y servicial, distinguidas por Linares Cardozo en su obra musical, perduran a través del tiempo.
A la vera de un antiguo camino en las inmediaciones de Feliciano se halla su último morada. No hay andante que no se detenga ante ella, desmonte, si de a caballo va y quitándose el sombrero medite de pie.
Quedaron sus mentas para orgullo de los paisanos de lo región.


2. LA CRECIENTE (Aire de galopa de Carlos Santa María)
Vemos que tanto en la parte norte de Entre Ríos como hacia el centro de la provincia, las expresiones musicales guardan ciertos formas de los ritmos guaraníes que han de ir diluyéndose a medida que avancemos hacia el sur.
Así, con lo segunda obra que resentamos, el canto se va acercando a la frescura de los ríos, allí donde el hombre que puebla las costas tiene un trajín distinto al que habita el monte o la campiña.
La naturaleza, bravía y hermosa, en su permanente emanación lujuriante y telúrica los aprisiona. Isleño y pescador permanecen impávidos soportando la sabandija, la amenaza constante de las crecidas que en pocos horas arrasará con el esfuerzo de mucho tiempo. Cielo... silencio... agua. Ceibos, arrayanes, curupíes, tatoras, mburucuyás, zarzaparrillas, camalotes, días y días... silencio y agua. Bramido angustioso y apenas perceptible del leonado Paraná o el gemir de la aparente mansedumbre del "Río de los Pájaros", completan el cuadro de uno de los mayores azotes de la naturaleza.

3. TROPERO SILBADOR (Chamarrita de Linares Cardozo)
Desprendiéndose paulatinamente de la influencia musical guaranítica, ya que al "pisar" el tercio medio superior de la provincia entramos a la zona de influencia pampeana, el decir se aleja de las costas y barrancos (amparo de pescadores de trasmayo, espinel y madrugados) y se enanca al galopar de una chamarrita para recorrer desde la arcillosa orilla del Paraná hasta la límpida y azulada hermana del Uruguay. Podremos notar en esta obra,que ya se advierte una intención surera pues su forma, pese a ser atribuida a origen lusitano, nos muestra en ciertos pasajes reminiscencias de milonga pampeana. Por considerarlo adecuado con la interpretación, reproducimos aquí un fragmento del poema "Coplas entrerrianas" de Marcelino Ramón:
" . . . me dicen que el entrerriano"
"es algo caminador"
"medio fantástico a veces"
"pero muy firme varón...

4. SEÑOR DE MONTIEL (Milonga de Aníbal Sampayo)
Llegado a esta altura de nuestro trabajo nos detenemos en un lugar imaginario de Entre Ríos para rendir homenaje a su poesía. Puede ser cualquiera, el de las ondulantes cuchillas o el más agreste y desde ahí evocamos a uno de los grandes poetas que diera esa tierra: Don Delio Panizza; aquel que Artura Capdevila llamó el "Señor de Montier".

5. SOLEDAD (Poema de Marcelino Román)
Hermanando paisaje y sentir del hombre entrerriano, lo hacemos incorporando aquí la poesía de Marcelino Román, el poeta de los pobres, de los "bailongos" costeros, de muchos domingos del "Antoñico" y partícipe de los secretos de la vida de su pueblo.
Su poema nos muestra un típico lugar de Entre Ríos en el que ha logrado recoger además, la riqueza de voces regionales con deslumbrante autenticidad trasuntando así la idiosincrasia del paisano.

6. COSAS DEL CAMPO ENTRERRIANO (Milonga de Víctor Abel GIménez y Carlos Santa María)
Y por fin llegamos al tema nexo del trabajo, donde don Florencio López, estableciendo la razón de la obra, explica que:. . . "La Milonga, especie de la cual no se discute su origen rioplatense fue representante del Cancionero Binario Colonial cuyo foco fue Río de Janeiro (Vega 1944, pp. 230 ss)
Su nombre se cree que deriva de "mulongo", voz afro-Iusitana que significa "enredos" con la cual solía denominarse a las payadas, por las preguntas y respuestas que se sucedían.
Según los eruditos en musicología, su ritmo es una contracción de "meloslonga" (melodía larga). Nace aproximadamente en el año 1810 y desde su zona de dispersión rioplatense se extiende a toda el área pampeana.
Con las tropas de Belgrano llega hasta el Paraguay y a su paso por Entre Ríos se afinca, el criollo de la región la hace suya hasta el tercio medio superior de la provincia.
La milonga es vigente y por el incesante vaivén del trasplante humano hacia los "médanos", es dable escuchar a nuestros mensajeros de trabajo, amor y respeto, transportar su paisaje litoral a la música de la "inmensa sábana blanca", en donde según Sarmiento: ." "se habrían de escribir páginas de civilización y progreso".


7. DIOS LO BENDIGA (Aire de chacarera de Carlos Santa María)
Cumplida ya la parte que consideramos indicada para "definir" a Entre Ríos y antes de adentrarnos musicalmente a la inmensidad del canto pampa con Víctor Abel Giménez (el "Vasco" de Arbolito), quiero dejar mi despedida como lo hiciera cuando abandoné aquella tierra para acudir al "llamado" de la llanura. Por entonces -con excepción de la milonga- no conocía otra forma musical que se identificara con mi provincia y como había oído versiones de que alguna vez, la chacarera y el gato -entre otras- formaron parte de las expresiones populares de la región, me incliné por un aire de chacarera para encuadrar las coplas que nacieron cuando abrazé a mi padre: ... "que la suerte lo acompañe y que Dios lo bendiga m'hijo".
Porque la expresión pampa no tiene en nuestra tierra un limite musical, se prolonga de pago en pago, como el viento.
Así, desde Entre Ríos puede llegar al sur, pialando a su paso todos los campos bonaerenses con un lazo de larga armada trenzado con tientos de milongas, cifras y huellas.
Eso es el canto pampa, ancho, largo y extendido sobre la propia llanura.

8. SAN ANTONIO DE ARECO (Triunfo de Edmundo Zaldívar, h.)
Entramos a los gloriosos pagos de Areco que cobijaron la inspiración de Ricardo GÜiraldes, perpetuada en su "Don Segundo Sombra".
La influencia de su personaje en la ubicación geográfica pampeana, le ha dado al pago de San Antonio de Areco el halago de ser basamento del tradicionalismo y la responsabilidad enorme de mantener enhiesta la presencia espiritual del gaucho.
Dicha circunstancia y merced al comienzo musical de esta faz que se "desata" en un triunfo, hace propicio el reencuentro con el lugar donde un día se levantara "La Blanquiada" y el nombre de San Antonio de Areco se agiganta en el canto y danza perteneciente a una época rayana a la centuria.

9. RECORDANDO MI LOBUNO (Cifra de Victor Abel Giménez y Carlos Santa María)
Si hermanamos la décima al ritmo de la cifra, nos hallaremos ante una conjugación cancionera de auténtica raigambre pampa, pues si realmente esta forma literaria es tradicional en la versificación castellana, también resulta verídico que al ser llevada al brioso compás de la cifra se traduce automóticamente en algo original y gaucho, precisamente, porque su sistema de notación musical nació entre las manos de los viejos troveros criollos del pasado payadoril. Y si a esta formación le agregamos una temática sobre el caballo, entonces nos encontraremos con una de las más ajustadas conjugaciones nativas, porque desde el año 1535 en que Don Pedro de Mendoza introduce los primeros ejemplares de la raza yeguariza, aumentada en el 1580 por Don Juan de Garay, el caballo habrá de constituirse en el compañero más fiel y complemento esencial del gaucho al crecer su figura en estas pampas.

10. CARTA DE MUCHOS (Poema de Claudio Martínez Paiva)
Los poemas gauchescos, que en su fondo siempre han de encerrar un ejemplo y una enseñanza, surgieron por esa vieja vocación rimadora de los poetas. Pero sin duda alguna, el comienzo de esta forma de narración -aunque ausente de consonancias y asonancias- tenemos que buscarla en los labios de los viejas criollos de antes, cuando los antiguos fogones y sus campesinos eran receptáculo de una sabiduría adquirida a través del tiempo.
Al seleccionar un verso trazado por la pluma del entrerriano Claudio Martínez Paiva, se tributa, además, homenaje a uno de los hombres nacidos bajo este cielo que vivió y murió honrando las letras criollas.
Su "Carta de muchos" testimonia la existencia de un personaje que se llamó "caudillo" y que ocupó necesariamente el lugar de una época, aportando también al crecimiento de nuestra patria.

11. MALAMBO (Mudanzas musicales Arreglos de Carlos Santa María)
La danza más varonil de nuestra pampa es, sin duda alguna, el malambo. Tan varonil es que ni siquiera necesitó de una "china" para hacerse baile.
De tanto andar solo el malambo, matrereando distancias, un día lo apresó la caja sonora de una vihuela y lo "condenó" a vivir para siempre tras los barrotes de sus cuerdas.
Malambo. ., tropel de baquales sobre el lomo de la pampa que te dieron botas de potro para afirmar tu entereza en las mudanzas

12. POEMA A LA GUITARRA (Milonga de A. Yupanqui y C. Santa María)
Ahora un regreso hacia la guitarra pues no podía estar ausente la evocación de un instrumento tan consustanciado con el espíritu nacional en una inquietud de esta naturaleza.
Se dice que en épocas muy lejanas fue "instrumento de Reyes", uno de los primeros que dejó oír sus sones en las cortes. En el viejo Continente se la llamó también "la pequeña orquesta más grande del mundo". "Arquitecto de consuelos" dice Atahualpa al definirla en relación con nuestra raza criolla.
Don Abel Fleury, poeta del instrumento, dejó un verdadero mensaje que honra a la "guitarra argentina".
Unida en el llano con la milonga, configuran la expresión más definida del canto regional pampeano.
La décima que sigue habrá de demostrarnos esta comunión:
Para manear lo argentino
son lonjas de un mismo cuero
sentimiento del surero,
cara y cruz de su destino.
Palenque junto al camino
donde el pasado se amarra
savia de raza bizarra
que al presente se prolonga,
no hay guitarra sin milonga
ni milonga sin guitarra.

13. HUELLA DEL DESIERTO (Huella de Víctor A. Giménez y Carlos Santa María)
La lucha contra el malón, que se extendió desde el año 1852 hasta el 1879 en forma ininterrumpida, debe considerarse como una de las campañas de mayor gravitación del Ejército Argentino en el sur de nuestro país.
La liberación de la indiada promovió las más enardecidas refriegas entre el aborigen y el soldado, donde campeó siempre el coraje, la astucia y el valor. Pero... ¿quién era dueño de la razón?.. ¿La civilización? ¿El progreso? ¿O aquellos que habían nacido en ese suelo como nacen los pastos?..
Sin duda, el progreso y la civilización debían llegar y eran necesarios, más siempre quedará en la incógnita si pudo o no adaptarse al salvaje de una forma menos cruenta.
En la Huella del Desierto (tomando como base este ritmo por su regionalismo con una vigencia mayor a la centuria), la literatura impuesta sobre el tema evidencia aquellas enconadas refriegas y queda el canto en el aire como un homenaje a todos los que pelearon y regaron con su sangre la enorme extensión del desierto, que ayer y siempre será la pampa

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jueves, 8 de enero de 2015

El Cuarteto San Telmo - TANGOS DE SIEMPRE


El Cuarteto San Telmo
TANGOS DE SIEMPRE
Leopoldo Federico y Roberto Grela completado por Ernesto Báez en guitarra y Ramón Arias en el contrabajo.

Cuando se juntan músicos como LEOPOLDO FEDERICO y ROBERTO GRELA cualquier cosa puede suceder, este disco por ejemplo. En el último long play que hizo FEDERICO con la orquesta incluímos dos bandas con GRELA y el impacto que causó motivó estas grabaciones con carácter de urgente
Como graban estos dos grandes de la música típica? Ensayan juntos por unos días  antes de la grabación, vienen al estudio con su acompañamiento, un contrabajo y una guitarra de ritmo. Se sientan y comienzan un ensayo final que puede o no modificar todos sus ensayos anteriores. Una vez satisfechos, aunque nunca lo están, hacen una toma.Suben a la cabina, escuchamos y discutimos lo bueno y lo malo, luego vuelven a la sala.
Dejamos una toma pero hacemos otra pensando que puede salir mejor y generalmente es así. Improvisan sobre la marcha, nunca hacen lo mismo dos veces, pero son hombres serios dedicados a su profesión y no pierden tiempo.
¿Porqué el Cuarteto San Telmo? Porque San Telmo se vincula con el nacimiento del tango y este Cuarteto, aunque es bien moderno, no pierde la línea típica de nuestro tango tradicional. además nos gusta como suena el nombre ¿no es razón suficiente?


El cuarteto San Telmo
TANGOS DE SIEMPRE
CBS 8655

01. Guardia vieja - tango - Julio De Caro, José De Grandis - 16-9-65
02. Romance de barrio - vals - Aníbal Troilo - 10-5-66
03. Amigazo - tango - Juan de Dios Filiberto, Juan M. Velich, F. Brancatti - 12-4-66
04. El motivo - tango - Juan C. Cobián, E. Cadícamo - 11-2-66
05. Los mareados - tango - Juan C. Cobián, E. Cadícamo - 10-5-66
06. Griseta - tango - E. Delfino, J. González Castillo - 12-4-66
07. Amurado - tango - Pedro Maffia, Pedro Laurenz, José De Grandis - 22-4-66
08. Con toda la voz que tengo - milonga - Aníbal Troilo, E. Dizeo - 22-4-66
09. Yo te bendigo - tango - Juan de Dios Filiberto - 12-4-66
10. Tinta roja - tango - Sebastián Piana - 11-2-66
11. De vuelta al bulín - tango - José Martínez, Pascual Contursi - 16-9-65
12. Responso - tango - Aníbal Troilo - 12-4-66


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Lucio Demare - SOLO PIANO

Lucio Demare
SOLO PIANO
1957

El exquisito piano que se escucha como toda base instrumental en las grabaciones del Trío Argentino estaba a cargo de Lucio Demare, quién además de intérprete fue un gran compositor y director de orquesta.

Entre sus composiciones se encuentran varios de los mayores clásicos del género, entre ellos "Malena" y "Mañana zarpa un barco" (ambos, compuestos junto a Homero Manzi), "Tal vez será su voz" (uno de mis favoritos, con letra de Enrique Cadícamo), "Dandy" (escrita junto con sus colegas del Trío), "Donde", Negra María", "No nos veremos más", y tantos otros.

Como director tuvo a su cargo la orquesta típica que llevaba su nombre y que descolló, en una época en que los competidores eran tipos como Osvaldo Pugliese, Anibal Troilo y Horacio Salgán. Esta típica dejó grabado varios LPs que vamos a traer al blog, si es que hay gente que le interesa.

Sin embargo, son pocos los que saben que en 1957 Lucio Demare grabó un excelente disco instrumental, en lo que fue una de las primeras grabaciones de tango de este tipo. Se trata de la grabación que hoy traemos al blog.

El repertorio está formado por un pequeño grupo de selectos tangos, propios y ajenos, de la línea romántica.Si bien no es raro ver su nombre junto al de los maestros que conforman el ABCD del tango (Arolas, Bardi, Cobián, De Caro), a nosotros nos interesa destacar especialmente la familiaridad que tiene su obra con las composiciones de tipos como Mariano Mores o el mismo Juan Carlos Cobián, con quienes comparte la pertenencia al selecto Club de los Grandes Melodistas del género.

Un capítulo aparte es la interpretación. Demare muestra aquí una fuerte formación pianística y una gran técnica; también una muy moderna concepción musical, aunque con esto ya nos había sorprendido desde sus primeras grabaciones con el Trío. Por momentos cuesta creer que Lucio tocaba así sin haber escuchado nunca a Bill Evans o a Keith Jarret!!.

En fin, un disco de avanzada, en la línea innovadora que años más tarde impondrían -en el piano- gente como Dante Amicarelli y Osvaldo Tarantino. Que lo disfruten.


Lucio Demare
SOLO PIANO
1957

01. Dandy (Irusta-Fugazot-Demare)
02. Grisel (Contursi-Mores)
03. Mañanitas de Montmartre (Demare)
04. Nunca tuvo novio (Cadícamo- Bardi)
05. Nostalgias (Cobián-Cadícamo)
06. Nieblas del Riachuelo (Cadícamo-Cobián)
07. Malena (Manzi-Demare)
08. Los mareados (Cobián-Cadícamo)
09. Mañana zarpa un barco (Manzi-Demare)
10. La cachila (Arolas)
11. Sentimiento Tanguero (Demare)
12. Divina (De la Calle-Mora)

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Lucio Demare - SOLOS DE PIANO





Lucio Demare
SOLOS DE PIANO

Pianista, compositor, director y arreglador
(9 de agosto de 1906 - 6 de marzo de 1974)


La innata facultad para la invención musical y el delicado temperamento creador identificaron, desde el momento mismo de su iniciación artística, la fisonomía de su obra.
Involucrado, por razones de íntima afinidad estética con la escuela romántica, nacida con los tangos de Juan Carlos Cobián y Enrique Delfino, compartió con éstos y con Francisco De Caro, Carlos Geroni Flores, y con el Julio De Caro, de “Copacabana” y con el Agustín Bardi, de “Nunca tuvo novio”, la línea de páginas “arromanzadas” de primera clase, ofrecida entre 1915 y 1935, periodo de apogeo de esta variedad formal y anímica del tango.
“Mañanitas de Montmartre”, “Musete”, “Capricho de amor”, “Dandy”, “Mi musa campera”, obra suya compuesta entre 1926 y 1932, caracterizaron con su exaltado lirismo y su riqueza melódica, ese momento inicial de su producción. Posteriormente, en ubicación musical de jerarquía paralela a la de Eduardo Pereyra, Joaquín Mora y Aníbal Troilo —entre otros— dio a conocer “Yo era un corazón” y toda una serie de páginas cantables con versos de Homero Manzi: “Telón”, “Hermana”, “Mañana zarpa un barco”, “Malena”, “Solamente ella”, “Tal vez será mi alcohol”, que inspiraron, promovieron la selecta dimensión de repertorio, que perfiló al tango del cuarenta.
Con igual calidad de imaginación y de desarrollo, incursionó en la obra de concepción instrumental con “Punto muerto”, “Cascarita” y “Sentimiento tanguero”.
Ejecutante de sonido y de fraseo inconfundible, ha sido un auténtico “diseur” en su piano, modalidad intimista de la que son exactamente representativas sus versiones de “Mañana zarpa un barco”, “La casita de mis viejos”, “Mi noche triste”, “Dandy”, “Mañanitas de Montmartre”, grabadas en 1952, para los discos Columbia; y “La calle sin sueño”, “Gricel”, “Nunca tuvo novio” y “Divina”, entre las vertidas para Disc Jockey, en 1968.
Por igual, sus arreglos instrumentales y vocales, tienen el sello de su fina personalidad de artista, así como los conjuntos que ha dirigido en interpretaciones tan logradas como “Florcita” (Odeon, 1945), “Sentimiento tanguero” (T.K., 1956) y “Milonguero, viejo”, (Artfono, 1956), entre las interpretaciones orquestales; “No te apures Carablanca” (con Juan Carlos Miranda), “El pescante”, “En un rincón”, “Qué solo estoy”, “Pena de amor” (todos con Raúl Berón, discos Odeón, 1943-1944) y “Dónde” (con Armando Garrido, disco Artfono, 1956).
Nació en Buenos Aires. Hijo del violinista Domingo Demare. Así, como su hermano Lucas (director luego, de trascendente carrera cinematográfica) se consagró al bandoneón, él se dedicó al piano, instrumento cuyas disciplinas técnicas cursó al cuidado de Vicente Scaramuzza.
Integró, en sus comienzos de profesional, la orquesta del bandoneonista Nicolás Verona. En 1926, Francisco Canaro —quien actuando en Francia partía con rumbo a Nueva York y deseaba dejar un conjunto a su nombre en París—, lo requirió para que integrara éste en el dancing Florida. Después, por iniciativa del propio compositor de “La tablada”, se asoció a los cantores Agustín Irusta y Roberto Fugazot, formando el celebrado trío Irusta-Fugazot-Demare, que debutó en el Teatro Maravillas de Madrid.
Con sus compañeros de conjunto tomó parte en la filmación de algunas películas españolas —“Boliche”, entre ellas—, grabando una serie de discos Victor en Barcelona, entre los que se destacan “Capricho de Amor”, vertido por su piano y el violín de Sam Reznik, y “Mi musa campera”, registrado por orquesta de su dirección y la voz de Agustín Irusta.
Luego de dos largas y exitosas turnés por países de Centro y Sudamérica, de una segunda temporada europea, regresó definitivamente a Buenos Aires en 1936. Y a la par de su hermano Lucas —cada cual en lo suyo— se incorporó al cine argentino, en el que realizó una labor musical repetidamente laureada por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas y por la Municipalidad de Buenos Aires. Alternó esa obra, con la reaparición fugaz del trío en Buenos Aires —que actuó con Canaro en la comedia “Mal de amores”— y con algunas nuevas colaboraciones con el compositor de “El pollito”, cuando tuvo éste dos pianos en su orquesta (el titular era Luis Riccardi). Pero, en 1938, prefirió formar la propia, uniendo luego su nombre al de Elvino Vardaro, para presentarse ambos por Radio Belgrano, con Alfredo Calabró como primer bandoneón y Juan Carlos Miranda, como vocalista.
Desde 1939, ya desvinculado artísticamente de Vardaro, continuó su carrera de director, en pleno ascenso valorativo, grabando, desde “La racha” y “Telón”, sesenta y dos versiones para la casa Odeon, con las voces de Miranda, Raúl Berón y Horacio Quintana. Después de 1950, grabó con su orquesta para Columbia, para T.K. y para Artfono, entonces con las voces de Héctor Alvarado y Armando Garrido.
Con su orquesta, apareció en la película “Sangre y acero” (1955). En la década del sesenta reciente, lo capital de su trayectoria está vinculado a una destacada labor de solista —compartida en ocasiones con Ciriaco Ortiz o con Máximo Mori— en clubes nocturnos de Buenos Aires. Y en su propio local, la Tanguería de Lucio, de la calle Cangallo, trasladada en 1969 a San Telmo, Balcarce y Giuffra ya denominada Malena al Sur.
Extraído del "Libro del Tango", de Horacio Ferrer, editorial Antonio Tersol, 1980, España.

Lucio Demare
SOLOS DE PIANO

01. Humildad-1953
02. La casita de mis viejos-1983
03. Mañanba zarpa un barco-1957
04. Malena-1957
05. Dandy-1957
06. Mañanitas de Montmartre-1957
07. Sentimiento tanguero-1957
08. Los mareados-1957
09. Nunca tuvo novio-1957
10. Divina-1957
11. Niebla del Riachuelo-1957
12. Gricel-1957
13. Nostalgias-1957
14. La cachila-1957

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miércoles, 7 de enero de 2015

Los Huanca Hua - Simple DTOA 3089

Los Huanca Hua
Simple DTOA 3089
1962

01. LA AMANECIDA - zamba - Mario Arnedo Gallo, Hamlet Lima Quintana - Cosquín '62
02.MOTIVO DE MALAMBO - malambo - Chango Farías Gómez

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